CARTAS A LA JUVENTUD SOBRE JOSÉ ANTONIO
Hace algún tiempo encontré, en algún foro falangista supongo, una copia, digitalizada por un camarada de FE de las JONS, cuyo nombre desconozco, de unas "Cartas a la Juventud sobre José Antonio" escritas en 1.975 por Manuel Martínez Ferrol. Dentro del ánimo de que éste blog no sea el lugar al cual nos acercamos únicamente, para saber cómo va la gresca entre Regeneración 2009 y la Jefatura Nacional de FE-JONS he creído que quizás fuera interesante reproducirlas en el blog y que pudieran llegar al conocimiento, no solo de los simpatizantes de Regeneración, sino también a los que, por desconocimiento nos critican, sin pararse siquiera a otorgarnos la misma presunción de inocencia que solicitan para los que la regeneración y el buen nombre de FE de las JONS les importa un bledo y solo pretenden mantenerse en un poder que cada día les es más adverso.
Las cartas son trece y cada una se refiere a un tema concreto: "29 de octubre de 1933", "Comunismo y materialismo", "Comunidad y justicia social", etc. y las iré colgando semanalmente. Ojalá nos sirvan para recordar la vigencia de la vieja doctrina, que a veces olvidamos, por intereses espurios o por dejadez intelectual.
La primera entrega es el "Prólogo" del libro, y no quiero finalizar este apunte sin manifestar mi agradecimiento al camarada que se trabajó la digitalización y gracias al cual esas Cartas hoy pueden llegar a nosotros.
Por la transcripción,
Ultreia. Santiago
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¡ROMA VINCIT!
CARTAS A LA JUVENTUD SOBRE JOSÉ ANTONIO
PRÓLOGO
Aunque no queráis creerlo, resulta un poco difícil lanzarse a esta aventura de esbozar, aunque sólo sea con unos pocos retazos del pensamiento joseantoniano, las líneas esenciales que marcaron la vida y la obra de este español. José Antonio, a la vista de 1975, es todavía un hombre polémico. Un hombre al que se le quiere sacar de su pensamiento, todo aquello que resulta beneficioso y favorable a la coyuntura de nuestros días. Su ideario, aunque algunos lo consideren un tanto desfasado, está ahí, como vigía permanente; porque de él se arrancan y deducen las perspectivas más alentadoras para la España nuestra de cada día.
Me he permitido en esta serie de cartas no ajustarme a meros datos biográficos, ni tan siquiera anecdóticos. Pretendo ir más allá, para encararme con el pensamiento de un hombre que dio la vida por España. No voy a dejarme llevar por hechos nostálgicos, ni tan siquiera evocadores; solamente trato de presentar a un José Antonio combativo, cuyo ímpetu juvenil caló en muchos corazones de hombres de su generación. Este epistolario, que me ha llevado muchos meses de trabajo, de contemplación de los escritos y discursos de José Antonio; del análisis y reflexión sobre aquellas parcelas que, a mi humilde criterio, son todavía válidos bastiones de lección y ejemplo. No pretendo sentar las bases de una tesis romántica, acaudalada con palabras presas de un encendido sentido de la nostalgia. Porque soy un hombre que no conoció la guerra, ni tampoco la época gloriosa de un José Antonio valiente y luchador. Soy muy posterior a todo eso, pero he comprendido que merecía la pena sentarse a la máquina y reflejar todo lo que buenamente puede dirigirse a nuestra juventud. Antes, las evocaciones se oían o escuchaban de hombres muy curtidos de grandes experiencias vitales, asomados quizás a la nostalgia de un pasado. Hoy podemos hablar entre nosotros. Entre los jóvenes de España que "todavía" quieren conocer a José Antonio.
Que la semblanza fuese un trillar más la amplia gama política de un hombre singular. No trato, sin embargo, de descubrir nada nuevo. Solamente intento, meditado y comedido, de entresacar todos aquellos aspectos, -entre otros muchos, que posiblemente queden en cartera-, que aún tienen un talante de vigencia. No de una vigencia "mantenida" en razón de alienantes deseos, sino una vigencia fruto de una contemplación entre objetiva y desapasionada de frases y pensamientos que si bien resumen, con su tono y medida, el perfil de una época, hay en su trasfondo una traslación a nuestro tiempo presente. Ese intento, repito, es como un reto y es el que marca la pauta esencial de este libro. No es un epistolario para reincidir, sino para sugerir todo aquello que pudiera invitar al diálogo y a la reflexión. Sin parar en estaciones de oportunismo o búsqueda de consuelo. Ni tan siquiera de elucubración sobre frases, hechos y pensamientos que, aun careciendo de una unidad cronológica formal, sí, en cambio, se transformen en factores determinantes de cómo un hombre pensó y habló con sentido de comunidad y no de partidismo. Que por encima de todo creyó en la verdad y la unidad de la Patria; por encima y por debajo de nimias aspiraciones frívolas. Porque José Antonio fue un hombre combativo hasta el final, seguido de hombres resueltos a defender la unidad de la Patria, que era lo que entonces estaba más predispuesto a resquebrajarse.
La contemplación y la reflexión no puede ser una gratuita tarjeta de invitación a vencer el desaliento con meras palabras. Me explico. No puede resultar gratuita una llamada a las tesis formuladas por un hombre que sirvieron de cauce a un ancho panorama de realidades; cuando el desaliento estaba más que afirmado y la ofuscación diversificada en todos los vericuetos posibles de confusión y desánimo. Cuando la España anterior a una conflagración civil se tambaleaba cual barco en alta mar, metido en el centro de una estremecedora tempestad. Mas no quiero hablar de guerra, ni de viejas rencillas. Sino de la esperanza nuestra de cada día. No quisiera, tampoco, que las fechas o las citas invitaran a la sugerencia del matiz reaccionario o al simple deseo de vivir sobre viejos laureles de tiempos ya pasados. Este hombre pasó a la historia contemporánea de España pagando el mayor precio. Su vida. Y eso es demasiado importante como para quedarse con los brazos cruzados y no manifestar un ineludible deseo de comunicación sobre los distintos estadios de su pensamiento, extraordinariamente viril y luchador. Me alejo de toda comprometedora alusión que pueda suponer el tachar este humilde intento como evocación encendida del pasado ya muerto...
¿Cómo puede morir algo cuando tiene garantía de vigencia? ¿Cómo se puede arrinconar en un baúl el bagaje alentador del pensamiento joseantoniano? Muchas incógnitas de estas podrán suscitar que, este autor, está aún arrimado al viejo barco de las evocaciones nostálgicas. Ni hay edad para ello ni tampoco la larga experiencia de un pasado lleno de sufrimientos. No quiero ceñirme a ningún eslabón que me una con el pasado, más o menos inmediato, ni tampoco con el futuro de los que no creen ya en la vigencia de su pensamiento. A esos, posiblemente, esté dirigido, esencialmente, este libro. Un epistolario sencillo y humilde, de la mano y la obra de un hombre que, aún a estas alturas de 1975, puede darnos la clave para remozar nuestros espíritus y para mirar a España con las constantes vitales de una continua lucha por la unidad. Porque unidad es la aspiración histórica por la que más han luchado todos los pueblos. Unidad y valentía para acometer los embates del presente y del futuro, no dando paso ni tregua a aquello que, simulando este u otro contenido, quiere ser elemento de disgregación o prototipo de encuadramiento que atente contra ésta elemental misión de nuestro tiempo. La unidad y la superación de los problemas más inmediatos que, por contemporáneos, exigen la capacidad necesaria para una solución claramente apetecible por todos. Todo problema contemporáneo sabe ajustarse a las premisas de una época, pero no por eso se debe olvidar la experiencia del pasado. Cuando, sobre todo, este es un manantial de lecciones y ejemplos que siempre hay que mantener en permanente línea de servicio. Un servicio para todos y una lucha, sin desaliento, para obtener cada día, cada año, cada época, la justicia social para todos. Si esto puede suponer un retroceso en técnicas de orientación y planeamiento; si esto, en definitiva, se trata o menosprecia con abstenciones e indiferencias... jamás podremos pensar en el futuro alentador de las realidades. Sirva esto como principio a este intento. Porque no es la anticipada expresión de un prejuicio, sino la sencilla alusión de un planteamiento conforme a unos principios éticos, cuya tónica se amolda al deseo de seguir redescubriendo o cotejando en el pensador sus más firmes y permanentes constantes. Con ellos, lo que puede ser evocación deja más tiempo y espacio al realismo crítico y combativo de un hombre, que nació para el mundo de la política, teniendo como norte la denuncia sin tregua de un desolador acontecer español.

elobeygrande dijo
Al administrador.
Fántastico, una magnífica labor de divulgación.
Un abrazo
Cafe
Fuerza y Honor
4 Marzo 2010 | 10:19 AM